Como una gota, caíste hasta donde tu cuerpo ya era parte de la nada; solo queda el alma y recuerdos. El fuego se esparce, ahogando sin piedad, desahogando su ira. En la oscuridad, te abrazó tu ser para siempre y jamás; para siempre condenarte, jamás soltarte. Para siempre odiarte, jamás perdonarte. Para siempre mirarte, jamás encontrarte. Ni sueños, ni vida; ya no hay final, siempre los mismos segundos. Tu cuerpo desapareció dejándote lo que sos: lagrimas y cicatrices. El tiempo corre, lento y en círculos mientras vos no podes construir más que lamento. Morís, cada vez más perdido en el laberinto de tu memoria.
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