tocó el timbre justo cuando había empezado el debate de si dársela o no. Ante la duda, la guarde. Me puse la bufanda y salí. Fuimos a dar unas vueltas por el barrio, y entre pitadas y acotaciones a la conversación, pensaba los pro y los contra. Había buscado el momento y cada palabra; todo para que alcanzara, para que llegara a pedir perdón o más. Expresé absolutamente todo lo que siento. Hasta que me puse en duda, no de lo que quería, sino de su reacción. Tal vez era mejor dejarlo así. La verdad, quería salir corriendo, o un giratiempo.
- Alguna vez le escribiste una carta a alguien y no se la diste?
- mm no se, seguramente.
- nunca te pusiste a pensar qué pasaría si mucho tiempo después te arrepentís? cómo podría cambiar todo y te quedas en tu cuarto escondido un camino que no fue.
-nunca lo había pensado.
y no, tampoco pensó que yo tenía una carta ahí.
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